Todo empezó con unos garbanzos sobre un trocito de algodón húmedo.
Mi madre todavía recuerda lo pasmado que me quedé en preescolar con aquel experimento. Lo que debía durar dos semanas… ¡duró más de 30 años!
Así, de esta manera tan sencilla, empecé a pedir plantas por mi cumpleaños y Reyes, estudiar ingeniería agronómica y especializarme en paisajismo.
Fue en el segundo año como paisajista cuando me trajeron desde Francia un terrario cerrado.
De nuevo, mi madre me abría un mundo de posibilidades que desconocía por completo.
En cuanto pude, me lancé al ordenador a buscar información sobre los terrarios.
Pero por aquel 2018, casi todo lo que encontraba estaba en otros idiomas y con muy poca base técnica.
Aun así, hubo dos noticias que me llamaron muchísimo la atención:
1. EL ORIGEN DE LOS TERRARIOS:
¡Como tantos otros inventos, los terrarios se descubrieron por casualidad!
Parece ser que a mediados del siglo XIX, el botánico inglés Dr. Nathaniel Bagshaw Ward quiso observar cómo se desarrollaba una crisálida de mariposa, así que la colocó dentro de un recipiente de cristal sellado con un corcho.
Para mantener la humedad, añadió un poco de tierra húmeda…
Y al cabo de unos días, ¡había comenzado a crecer un pequeño helecho!
Este hallazgo fortuito dio lugar a lo que hoy conocemos como la “caja de Ward”, un sistema cerrado que permitía transportar plantas vivas durante meses a bordo de los barcos, protegiéndolas del aire salino y de los cambios extremos de clima.
Gracias a ello, muchas especies ornamentales y medicinales pudieron viajar entre continentes por primera vez.
2. EL ECOSISTEMA AUTOSUFICIENTE DE DAVID LATIMER:
Contaba la historia de un tal David Latimer, que en 1960 metió unas plantas en una botella de cristal, la cerró… y la olvidó en el desván.
Décadas más tarde, cuando volvió a abrirla, aquel pequeño mundo seguía vivo y funcionando por sí solo.
El hombre aseguraba haber regado la botella una única vez en más de 50 años. Desde entonces:
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el agua se reciclaba,
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las plantas hacían la fotosíntesis,
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y el microclima se mantenía sin ninguna intervención humana.
Aquella noticia me sacudió por completo.
¿¡Cómo podía ser que nunca hubiese oído hablar de algo TAN GUAPO!?
(Puede que a estas alturas ya te estés dando cuenta de mi grado de frikismo por las plantas jajaja).
Al día siguiente, me fui al vivero más cercano, compré diferentes plantas y sustratos y empecé a experimentar como un condenado.
Pese a los muchos fracasos, fue una época que disfruté de lo lindo.
Y me permitió, de primera mano, sacar mis propias conclusiones sobre:
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las mejores plantas,
- dosis de riego
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sustratos más estables,
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y los métodos más fiables para crear un ecosistema cerrado.
Hoy, 7 años después, sigo experimentando con nuevas especies y con diferentes formas de mantener los terrarios.
Porque no nos equivoquemos: son plantas vivas, en ambientes cambiantes.
No hay una fórmula mágica que diga qué día hay que regar o dónde colocar el terrario exacto.
Pero sí hay directrices básicas, y aquí las iremos contando.
De hecho, ya tienes un buen resumen en el apartado de Preguntas Frecuentes de la web.